Una sonrisa en Navidad

Una sonrisa en Navidad

El efecto de una sonrisa es poderoso. Para quien está acostumbrado a ver malas caras y fruncir el ceño, una sonrisa es como el sol saliendo entre las nubes. La sonrisa es una mensajera de buena voluntad que ilumina la vida de aquel que la recibe, especialmente si ese alguien se encuentra bajo la presión de sus jefes, de sus clientes, de su familia.

Reconociendo la presión a la que estaban sometidos sus dependientes durante las aglomeraciones de Navidad, un gran almacén regalaba el en el siglo pasado a los que leían sus anuncios, la siguiente filosofía casera:

Una sonrisa en Navidad

No cuesta nada, pero crea mucho.

Enriquece a quienes reciben, sin empobrecer a quienes dan.

Ocurre en un abrir y cerrar de ojos, y su recuerdo dura a veces para siempre.

Nadie es tan rico que pueda pasarse sin ella, y nadie tan pobre que no pueda enriquecer por sus beneficios.

Crea la felicidad en el hogar, alienta la buena voluntad en los negocios y es la contraseña de los amigos.

Es descanso para los fatigados, luz para los decepcionados, sol para los tristes, y el mejor antídoto contra las preocupaciones.

Pero no puede ser comprada, pedida, prestada o robada, porque es algo que no rinde beneficio a nadie a menos que sea brindada espontánea y gratuitamente.

Y si en la extraordinaria afluencia de último momento de las compras de Navidad alguno de nuestros vendedores está demasiado cansado para darle una sonrisa,

¿podemos pedirle que nos deje usted una sonrisa suya?

Porque nadie necesita tanto una sonrisa como aquél a quien no le queda ninguna que dar.

Sonríe. Cada vez que salgas a la calle saluda a tus conocidos con una sonrisa, pon el alma en cada apretón de manos a un amigo, muéstrate cálido y disfruta en el trato con tus clientes.

Anuncio inspirado en “La Sonrisa” de Mahatma Gandhi:

Una sonrisa no cuesta nada y produce mucho.
Enriquece a quienes la reciben,
sin empobrecer a quien la da.
No dura más que un instante,
pero su recuerdo a veces es eterno.
Nadie es demasiado rico para prescindir de ella.
Nadie es demasiado pobre para no merecerla.
Da felicidad en el hogar y apoyo en el trabajo.
Es el símbolo de la amistad.
Una sonrisa da reposo al cansado.
Anima a los más deprimidos.
No se puede comprar, ni prestar, ni robar,
pues son cosas que no tienen valor,
hasta el momento en que se da.
Y si alguna vez se tropieza con alguien
que no sabe dar una sonrisa más,
sea generoso, dele la suya.
Porque nadie tiene tanta necesidad de una sonrisa
como el que no puede dársela a los demás.

 

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